La primera es plantar las patatas, ya que unas buenas lluvias les pueden dar un buen "empujón". Cogemos unas patatas biológicas de Burgos, las cortamos en cachos (nos aseguramos que al menos tengan dos ojos), cavamos un poco con la azada (nada de 0,5 metros, ya las "engañaremos" más adelante), les echamos "Neem Pelletes", y las cubrimos. Una regadita y listos. Cuando empiecen a crecer, pondremos un bancal cerámico y echaremos más tierra encima.
La segunda es montar un pequeño invernadero para las tomateras. Resulta que el próximo frío y mal tiempo puede detener su crecimiento, así que un invernadero detendría el impacto térmico y propiciaría la continuidad de su crecimiento. Con un plástico de tender la ropa, unos doseles extensibles (¡gran idea de mi padre!) y unos pedrolos, parece que queda bastante bien. Falta que aguante.
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